miércoles, 6 de agosto de 2025

Poemas de una noche de verano: Castilla revive en la palabra de Antonio Machado

 En una Castilla callada, envejecida, y en apariencia dormida, aún palpitan brasas bajo las cenizas. No se apagan del todo los rescoldos de una cultura que, aunque acallada por décadas de desarraigo y desmemoria, conserva en su fondo una potencia transformadora. Desde ese aliento milenario y olvidado, la Asociación Cultural Asocastrona, en nuestro entrañable enclave vallisoletano de Castronuño, ofreció un homenaje digno, sobrio y cargado de sentido: “Poemas de una noche de verano”, un tributo a la figura de Antonio Machado, poeta del compromiso, de la hondura castellana, y de la palabra enraizada. El evento se organizó bajo el pretexto del día en el que conmemoramos el 150º aniversario del nacimiento del poeta, 26 de Julio de 1875, a sabiendas que cualquier día es grato para rememorar la grandeza de la obra  vida de Antonio Machado.

Este evento, más allá de lo estético y lo literario, fue una manifestación cívica: un acto de amor a la tierra, de afirmación cultural, de resistencia silenciosa contra la uniformización de las almas y la destrucción del paisaje humano. Porque hablar de Antonio Machado en Castilla no es repetir versos para aplacar conciencias, sino devolverle a esta tierra su espejo más alto y verdadero.

Machado no cantó la Castilla de postal. No le interesó el monumento ni el boato. Fue la Castilla del polvo, del camino, del alma profunda. La Castilla de la introspección, del maestro rural, del silencio fecundo, de la dignidad sin ruido. Y así la evocó la velada organizada por Asocastrona: como una geografía del espíritu, una raíz filosófica, un clamor contenido.

En tiempos en los que Castilla ha sido desposeída de su centralidad simbólica y reducida a “territorio vacío”, Machado se alza como un faro de dignidad. Porque fue precisamente en esta tierra —en Soria, en Segovia— donde el poeta maduró su mirada crítica, donde forjó su conciencia social y literaria, y donde supo ver, como pocos, la unidad entre paisaje, alma y palabra.

En un acto como el celebrado en Castronuño, donde se mezcla la evocación poética con la recuperación comunitaria, no se puede obviar la dimensión filológica de la obra machadiana. Su lenguaje, depurado y contenido, remite no solo a una estética, sino a una ética del decir. Frente a la palabrería vacía, Machado ofrece una palabra desnuda, trabajada con esmero de artesano, que respira en cada sílaba el pulso del pueblo.

Así lo destacaron los presentadores del evento, Rafa de la Puente y María Sotelo, quienes imprimieron al acto no solo rigor, sino calor humano. Rafa de la Puente diseño además concienzudamente durante meses la selección de textos y la coreografía del evento. María Sotelo, filóloga de formación, rapsoda apasionada y castronuñera orgullosa de serlo, brilló con luz propia. Su voz, al desgranar los versos de Machado, no solo los transmitía: los encarnaba, los devolvía a su raíz telúrica, como si cada poema emergiera de la misma entraña del Duero.

En su recitación no hubo grandilocuencia ni afectación, sino una reverencia sabia y campesina, que conectó con lo esencial del legado machadiano. María Sotelo no recita, desentierra. Y en su gesto hay una arqueología del alma que despierta algo dormido en quienes escuchan.

Los fines de Asocastrona no pueden pasarse por alto. En una comarca afectada, como tantas otras, por el éxodo juvenil, la precariedad económica y la pérdida de tejido comunitario, apostar por la cultura no es entretenimiento: es resistencia. Recuperar la figura de Machado no como monumento, sino como referente espiritual y cívico, es un acto que subvierte el relato de la derrota.

Este homenaje no fue una gala más. Fue un acto de comunión, una chispa que puede —y debe— encender nuevos fuegos. La antropología nos enseña que los pueblos no sólo se mantienen por la economía ni por las infraestructuras, sino por los ritos compartidos, por los mitos vivos, por las palabras que dan sentido. En Castronuño, por una noche, esa Castilla profunda volvió a hablar su lengua.

No es casualidad que en los tiempos de mayor vaciamiento existencial resurja el anhelo de la belleza y de lo verdadero. El arte, lejos de ser un adorno, es un instrumento de regeneración espiritual, un puente hacia lo que permanece cuando todo lo demás se derrumba. En esta clave, actos como “Poemas de una noche de verano” no son nostalgia: son semilla.

Nuestra esperanza no es conquistar a las nuevas generaciones con discursos huecos ni con tecnología sin alma, sino con raíces. Con referentes que les hablen de verdad, que les muestren que la belleza no está reñida con el coraje y que la palabra puede ser un antídoto contra la alienación. El ejemplo de Machado —y de quienes lo traen de vuelta al anfiteatro de la Muela— es una llamada.

Una llamada a crear, a leer, a recuperar el habla pausada, el pensamiento propio, el asombro ante la vida sencilla. En un mundo que corre hacia la quimera, Castronuño eligió detenerse y mirar hacia dentro. Allí encontró a Machado. Y al hacerlo, se reencontró consigo mismo.

Que vengan más noches como esta. Que Castilla no se duerma sin loar su memoria. Que la palabra siga abriendo senderos, como los de Antonio Machado, por donde aún puedan caminar los hombres buenos.














lunes, 4 de agosto de 2025

Cantando al fresco: el canto colectivo como resistencia y memoria en la España rural


En la brisa templada de una noche de verano, cuando los grillos afinan su orquesta y el cielo se oscurece tras  los matices profundos del atardecer, se alzan las voces. Voces de antaño y de ahora, entrelazadas en un tejido musical que no solo entretiene: invoca, honra y preserva. Así ha sido un año más en la cita ineludible de "Cantando al fresco", organizada con pasión y respeto por la Asociación Asocastrona. Una jornada que, además de una reunión festiva, se convierte en un acto de justicia cultural, en un ejercicio antropológico de primer orden.

En tiempos donde lo efímero rige el pulso de nuestras relaciones culturales, los cantos populares sobreviven como pilares invisibles que sostienen nuestra identidad más profunda. Lo que para algunos puede parecer una costumbre rústica y menor, para quien mira con ojos atentos, se revela como un testimonio vivo de una cosmovisión ancestral. Cantar en grupo, al fresco, no es solo cantar: es construir comunidad, evocar a los que ya no están y actualizar lo mejor del alma rural.

Es ahí donde el acto se eleva y se conecta con la labor incansable de Joaquín Díaz, cuyo repositorio fonográfico no solo ha salvado miles de melodías del olvido- algunas de Castronuño-, sino que ha demostrado que en cada copla, en cada tonada, habita una forma de entender el mundo, una pedagogía implícita de lo colectivo, lo austero, lo armónico con la tierra. Su archivo sonoro es hoy una catedral inmaterial donde habita lo mejor del patrimonio oral peninsular, y en encuentros como el nuestro, esas joyas cobran cuerpo y se hacen carne.

En nuestra noche mágica de Castronuño mencionemos a Rosana de Castro como presentadora del evento, y a  Dori, Mila o Inma etcétera, como animadoras destacadas. Mención aparte merece la participación de Quica, cuya voz no solo interpretó, sino que encarnó los ecos de la tradición. Con una delicadeza casi telúrica, su canto se alzó con una elegancia que hizo vibrar a los más jóvenes y emocionar a los más mayores. No hay técnica que suplante al arraigo, y Quica lo tiene. Su timbre parece haber nacido de los bancales secos, de las eras donde aún huele a mieses, de las cocinas de barro donde se cantaba al compás del puchero.

En un contexto muchas veces saturado de impostura estética, la voz de Quica es un acto de verdad. Exquisita en lo técnico, pero aún más en lo emocional, nos recordó que la belleza también puede ser sobria, que el arte puede nacer del corazón de un pueblo.

Y si el canto convoca a los espíritus del pasado, el baile los hace danzar entre nosotros. Agradecidos por la dedicación y rigor de la Asociación Virgen de los Aguadores de Valladolid que nos acompañaron, este año se compartió con ellos el baile tradicional de “El Palillo”, una joya del folclore que no suele  interpretarse últimamente en su versión ortodoxa. La ejecución estuvo llena de respeto por el detalle coreográfico y musical. El movimiento de pies, el giro coordinado de cuerpos curtidos por el campo y el cariño, nos recordó que el cuerpo también sabe recordar, que bailar es pensar con los pies.

La Asociación Virgen de los Aguadores no solo aportó rigor y entusiasmo, sino también una disposición que elevó el espíritu de la jornada. Son ejemplo vivo de cómo la labor asociativa puede ser motor de esperanza, investigación, comunidad y alegría.

No se puede entender la importancia de este evento sin detenerse a valorar lo que realmente se celebra. Cantando al fresco no es sólo un festival, es un homenaje. Un gesto de reverencia hacia esa civilización del mundo rural que —a pesar del olvido, del desprecio institucional y del éxodo— permanece aún como modelo alternativo de vida, lleno de virtudes a recuperar:

  • La austeridad digna, lejos del consumismo devorador.
  • La cooperación vecinal, que suplía con afecto y ayuda lo que faltaba en medios.
  • La conexión con la tierra, no como recurso que se explota, sino como madre que se cuida.
  • La transmisión oral, sin pantallas, donde aprender era observar, convivir y escuchar.
  • El trabajo con sentido, vinculado al tiempo natural, sin prisas vacías ni productividad absurda.

Desde Asocastrona no romantizamos la dureza de aquel mundo, pero reivindicamos la lucidez de sus valores y la potencia de sus formas de convivencia. En tiempos de colapso energético, de ansiedad colectiva y desarraigo, los saberes del mundo rural son más actuales que nunca.

Cada vez que nos reunimos a cantar al fresco, estamos desafiando un relato oficial que condena al mundo rural al pasado y al folclore al museo. Nuestra reunión es un acto de resistencia simbólica, una asamblea sonora que dice: “Aquí estamos. No hemos olvidado. No nos rendimos”. Y no lo hacemos por nostalgia, sino por justicia. Porque esas canciones son nuestros textos sagrados, porque nuestros abuelos y abuelas merecen ser celebrados no solo como figuras familiares, sino como portadores de una civilización compleja, rica y plena.

Nos atrevemos a soñar en un futuro “Cantando al fresco” en que podamos ver a los niños bailar, ver a los adolescentes prestar atención, ver a los jóvenes tomar nota. Las generaciones futuras no heredarán un mundo fácil, pero pueden heredar un mundo más sabio, si saben recoger lo mejor de esta memoria. Las asociaciones culturales como Asocastrona, o como la Virgen de los Aguadores, son faros humildes pero firmes, capaces de guiar esos procesos de reencuentro con lo esencial.

Invitamos desde aquí a todas las almas inquietas a unirse, a organizarse, a crear espacios de cultura popular viva. Siempre vienen bien permisos institucionales para cantar, y subvenciones para bailar, pero principalmente necesitamos voluntad, raíces y alegría.

Porque mientras sigamos cantando al fresco, el olvido no ganará. Y el eco de nuestros ancestros seguirá danzando entre nosotros.


















domingo, 20 de julio de 2025

ASOCASTRONA VISITA LA PRESA DE SAN JOSÉ

La visita a la Presa de Castronuño nos llevó a retroceder en el tiempo, concretamente al periodo comprendido entre 1920 y 1940, cuando aquel mismo enclave no albergaba aún la infraestructura hidráulica actual, sino un antiguo molino gestionado por la familia Alonso-Santos. Durante generaciones, esta familia fue parte esencial del paisaje económico local, aprovechando las aguas del Duero para la molienda.

El establecimiento de la presa marcó un antes y un después en la historia del lugar. Félix Alonso, descendiente de aquella estirpe molinera y ya asentado en el núcleo urbano de Castronuño —en la calle Real—, pasó a desempeñar un papel relevante como encargado de la Electra Popular Vallisoletana. Además, se ocupaba de una tarea cotidiana pero imprescindible: el cobro de los recibos de la luz en la comarca, una función que en aquella época requería paciencia y constancia, recorriendo pueblos y hogares donde la electricidad era aún una novedad. Sus hijos, Félix y Abel, continuaron en dicha empresa, respectivamente en el Salto de Saucelle y en la oficina monumental de ladrillo cerámico rojo de la Electra sita en el Paseo de Isabel la Católica de Valladolid.

En el ámbito técnico de la Presa  destaca la figura del ingeniero Juan Bautista Varela, responsable del diseño y ejecución de la presa. Su labor fue reconocida por la comunidad, como atestigua una placa conmemorativa en la plazuela de la Puerta del Hospital, uno de los lugares emblemáticos del municipio. En la misma plazuela, por cierto, vivía otro ingeniero de la Renfe, el capitán Nolla, que cuenta con una calle contigua en su honor.

Pero no solo los ingenieros dejaron su huella. Muchos de los obreros que participaron en la construcción pertenecían a la conocida empresa Boetticher y Navarro, especializada en obras hidráulicas. Estos trabajadores eran auténticos nómadas industriales del siglo XX: se desplazaban por toda la península siguiendo el avance de las obras, desde el cierre de una presa hasta el inicio de la siguiente. Algunos de ellos, sin embargo, encontraron en Castronuño algo más que trabajo: un hogar. Es el caso de la familia Díaz Díez, siendo el apellido Díaz originario de Andalucía y el Diez de Castronuño, familia que también vive en la  Puerta del Hospital. Otro ejemplo es el de la familia Montes, apodada "los alemanes", cuya descendencia continúa hoy al frente de la gestión de la propia presa, y que casualmente también se afincaron en la Puerta del Hospital

En definitiva, la presa de Castronuño no es solo una infraestructura funcional: es testimonio de un pasado de transformación industrial, de migraciones internas y de integración de nuevas familias en el tejido social del pueblo. Un ejemplo tangible de cómo las grandes obras públicas moldean también la historia humana.

En el plano histórico-técnico de la construcción de la Presa de San José sobre el río Duero a su paso por Castronuño, lo primero que debemos contemplar, para ser más exactos, es el hecho de que realmente se trata de un azud, ya que facilita el desvío de parte del caudal fluvial para el riego de explotaciones agrícolas ribereñas mediante dos canales, el de Toro-Zamora por la margen izquierda y el de San José, por la margen derecha. Así mismo, también dispone de la Acequia de Villafranca para completar el sistema de vías que permiten el riego en la zona.

El Canal Toro- Zamora ha terminado ya su proceso de modernización, lo que ha supuesto un ahorro hídrico importante, descendiendo el consumo de agua de 11 a 6 metros cúbicos por segundo. Aun así, se sigue cortando el agua en él cada dos semanas con la misión de limpiarlo de obas, algas que están proliferando con más abundancia ya que el calentamiento de las aguas producido por el cambio climático favorece su desarrollo.

El Canal de San José está todavía terminando su proceso de modernización del riego. La periodicidad de su funcionamiento consiste en 4 días en función y 3 días parado.

La primera mención encontrada sobre la Presa de San José es de 1898, aunque es en 1932 cuando se plantea el proyecto, que será de nuevo replanteado en 1934 debido a que las dimensiones de las compuertas eran más grandes de lo previsto. La inauguración de la presa tuvo lugar en 1945,  posteriormente se construyó la central eléctrica que se puso en funcionamiento en 1957.

En 1960 la presa sufrió la avenida de una gran riada que se llevó el muro de gaviones, estructura formada de piedras sujetas por una malla metálica. Así las cosas, hubo que renovar esa estructura, lo que se solucionó con la construcción de un muro de hormigón en el periodo comprendido entre los años 1967-1970.

La fuerza de caída del agua produce un gran desgaste en el cuenco de amortiguación, por lo que entre 1989 y 1992 hubo que repararlo. Debido a esta circunstancia, los castronuñeros y castronuñeras pudimos contemplar  dos hechos curiosos. En primer lugar, observamos un cauce sin apenas agua, ya que el río tuvo que ser desviado para que las reparaciones pudieran realizarse. Con el vaciado de la presa también se vio emerger un coche sin conductor de las profundidades del Duero. Si ustedes se preguntan cómo acabó allí, diremos que esa cuestión quedó sin respuesta, como otros  misterios que rodean esa zona de altos chopos.

Con la Ley 6/2002 de declaración de la zona como Reserva Natural, el control del mantenimiento de la lámina de agua es más exhaustivo y como consecuencia, las reformas en la presa son más exigentes técnicamente puesto que no se puede secar del todo el cauce. A día de hoy hay concedido un presupuesto de 4 millones de euros para nuevas reparaciones en la Presa de San José.

Para quien disfrute incorporando vocabulario a sus saberes, como así sucedió durante esta amena e instructiva visita, les diré que los pilares entre compuertas se denominan “tajamares” y los pilares metálicos que se conforman a base de poner uno encima de otro con el fin de reparar las compuertas reciben el nombre de “ataguías”.

La Presa de San José pertenece a la categoría de “Gran Presa” por sus dimensiones: 11,5 m de altura, 5,5 hectómetros cúbicos de volumen de agua. Por los posibles graves daños medioambientales aguas abajo, también entra en la categoría A. Por esta circunstancia, está dentro del Plan de Emergencia y Mantenimiento Anual.

Otros datos que se pueden constatar son sus 156 m de longitud, sus 8 vanos de 3 m cada uno, correspondientes a las 8 compuertas, junto con las 192 hectáreas de superficie que respetan el cauce original del río. Sus dimensiones permiten regar una superficie cercana a las 12.000 hectáreas.

Entre los usos que tiene esta presa, localizada en el punto medio del Duero, están el abastecimiento de agua tanto para las poblaciones como para el riego, junto con la producción de energía eléctrica, siendo una de las que más produce en el Duero, con una producción aprobada de 5 megavatios, aunque suele producir alrededor de 4,5 megavatios. Para producir esta energía, la central cuenta con 4 grupos de turbinas: 3 turbinas Kaplan antiguas e idénticas, que producen alrededor de 1 megavatio cada una, y una turbina más moderna semi Kaplan, capaz de producir 1,5 megavatios. Curiosamente, las turbina nueva es la que más quebraderos de cabeza produce a los operarios que se encargan del mantenimiento de la central y que tan amablemente nos recibieron y acompañaron a lo largo de la visita.

La laminación de avenidas para evitar males mayores, el mantenimiento del caudal ecológico y el abastecimiento de agua para las turbinas son otras de las funciones controladas desde la central.

Es difícil controlar todas estas situaciones y mantenerlas en los parámetros adecuados puesto que son muchos los factores que intervienen y algunos incontrolables a priori, como puede ser la cantidad de precipitaciones. Esta situación no es siempre entendida por los usuarios de los canales de riego, sobre todo cuando se libera agua a finales de verano, habiéndose cortado el agua anteriormente.

Cuando el caudal no es suficiente, se suelta un 10%  desde Aguilar de Campoo , que tardará en llegar a Castronuño entre 6 y 7 días. Esta cantidad no daña al río y permite equilibrar nuestro embalse. Curiosamente, en el pasado había una persona encargada de “acompañar y entregar el agua”. Este era el cometido de los guardas que vivían en las casillas, sobre todo en verano.

La Presa de San José es una infraestructura segura a día de hoy, todos los sistemas de control están duplicados por si se diera el caso del fallo de uno de ellos. En la actualidad, se está pensando en construir un desagüe de fondo que incrementará la seguridad de todo el conjunto arquitectónico.

Por último, solo nos queda agradecer a Jorge, Rosana, Javi y Diego, operarios de Confederación Hidrográfica del Duero, su interesante y amable recibimiento, logrando captar la atenta mirada y el interés del grupo  a lo largo de toda la actividad. Sin duda alguna, una jornada lúdica y cultural muy agradable para el conjunto de socias y socios de Asocastrona que asistimos a esta actividad.


Autores:

Alejandro Alonso Diez, en la parte socioeconómica.

Rosana de Castro Blanco, en la parte técnica.




















 


miércoles, 9 de julio de 2025

El actor Borja Maestre actuará en la Gala del Festival Multicultural de Asocastrona



Un año más, con la llegada del periodo estival, llega la programación cultural veraniega de nuestra asociación, un calendario de actividades y eventos entre los que destaca la Gala del Festival Multicultural, que en esta edición contará con la actuación del actor Borja Maestre, castronuñero muy querido por el conjunto del vecindario, que subirá al escenario del Centro Cívico para presentar un monólogo inspirado en la idiosincrasia de nuestro pueblo.

La Gala, que se celebrará el próximo 9 de agosto, contará además con la participación del duo de poetas formado por Ruth Iglesias y Gustavo González, quienes mostrarán al público asistente un extracto de su recital “Tormenta de Bohemia”. Igualmente, el guitarrista y cantante Natxo Diez será el encargado de poner la nota musical a la noche.

Premio Valores

Asocastrona entrega cada año el Premio Valores, un reconocimiento a una persona del municipio que destaque por sus cualidades humanas, principios éticos, virtudes morales o valores universales hacia el bien común y la convivencia armoniosa en sociedad. En este caso el galardón será entregado al joven Eloy González, quien el pasado otoño sufrió un accidente de tráfico, perdiendo la movilidad de las piernas. Con su actitud positiva y sus ganas de vivir ha dado una lección de entereza y de tesón para salir adelante y adaptarse a la nueva situación que ha de afrontar él y su entorno.


Verano cultural

Además del Festival Multicultural, la programación estival de Asocastrona cuenta con actividades variadas, algunas consolidadas en la agenda cultural y de ocio del municipio, entre ellas: “Poemas de una noche de verano”, evento literario que una vez más contará con la participación de la poeta María Sotelo, que en esta edición estará dedicado a Antonio Machado con motivo del 150 aniversario de su nacimiento. Otra actividad imprescindible es  Cantando al Fresco”, encuentro cultural que volverá a reunir a vecinos y vecinas en la plaza del pueblo para mantener vivo el legado musical que suponen las canciones de nuestro folclore popular heredadas de generaciones anteriores. Asimismo, se volverá a celebrar la “Ruta de los Hombres Chopo”, paseo nocturno temático que recorre los parajes en los que, según la leyenda, se desarrollaron los hechos del encuentro de un vecino del municipio con tres humanoides de gran tamaño.

La mayoría de las actividades propuestas son abiertas al público en general, aunque otras, por cuestión de aforo, se reservan para los 130 socios y socias de Asocastrona. Como novedades, cabe destacar la divertida gincana “Mensajero alado”, una aventura basada en un casual incidente ocurrido durante el sitio de Castronuño en el siglo XV, en la que los participantes volarán de prueba en prueba aprendiendo sobre las aves de la reserva natural. Igualmente, la programación celebración de cuatro talleres de cerámica, uno de pintura, una charla pedagógica que analiza la serieAdolecencia”, una visita a la presa de Castronuño, una ruta senderista nocturna y una comida de hermandad para socios y socias.

Desde Asocastrona invitamos a la participación en las diferentes actividades programadas, con las que se busca dinamizar culturalmente el municipio, fomentar la convivencia vecinal, así como el contacto con el medio natural.