Dejamos atrás un puente en el que hemos vivido unos días de convivencia intergeneracional recorriendo los bellos parajes que separan Santiago de Compostela de Santa Mariña. Unos días en los que hemos compartido camino, esfuerzo, anécdotas, muchas risas, ricas viandas y momentos que ya forman parte de nuestra memoria colectiva.
Un año más, desde Asocastrona nos hemos puesto
en marcha para seguir dejando nuestras huellas en el Camino -o tal vez, sea El
Camino quien deja huella en nosotros-. Comenzamos esta aventura en 2013,
recorriendo la ruta del Camino de Levante, y desde entonces muchas personas se
han ido sumando a esta experiencia. A lo largo de estos años hemos compartido
etapas con participantes de todas las edades y condiciones, y en esta ocasión
hemos formado un grupo diverso, con edades comprendidas entre los 15 y los 80
años. Nos une el espíritu del Camino y el orgullo de llevar el nombre de
Asocastrona y de Castronuño por cada localidad que atravesamos. Tras alcanzar
Santiago el pasado año, en esta ocasión decidimos continuar la ruta hacia
Fisterra y Muxía.
En esta edición hemos sido un grupo de 16
peregrinos y peregrinas quienes nos hemos calzado las botas para vivir una de
las actividades más especiales de nuestro calendario. Llegamos a Santiago de
Compostela el 30 de abril, donde disfrutamos de un agradable paseo por la
ciudad, dejándonos envolver por su monumentalidad y su ambiente. Nos alojamos
en el Hospedaje José Rey, situado en una zona tranquila de la ciudad, donde
recibimos un trato cercano y unas instalaciones muy adecuadas para el descanso.
Al día siguiente iniciamos la marcha tras desayunar muy bien atendidos por el
personal del establecimiento.
Comenzamos a caminar por las calles de Santiago, pasando por la plaza del
Obradoiro. Nos detuvimos más de lo previsto y eso hizo que saliéramos de la
ciudad algo más tarde de lo planificado, un retraso que arrastramos durante
buena parte de la jornada. Aun así, avanzamos durante horas entre paisajes
naturales de gran belleza en la etapa Santiago-Negreira. Se trata de un tramo de
verdor exuberante, con una naturaleza viva que nos acompañó en todo momento,
aunque también tuvimos que afrontar exigentes subidas. Antes de llegar a
Negreira cruzamos Ponte Maceira, un precioso puente medieval de estilo románico
sobre el río Tambre.
Ya en Negreira nos alojamos en Albergue
Bergando, un espacio con unas instalaciones muy atractivas en plena naturaleza.
Sin embargo, la experiencia no fue del todo satisfactoria, ya que detectamos deficiencias
en la limpieza de algún dormitorio y tuvimos un problema en la gestión de la
reserva que obligó a dos personas del grupo a alojarse en la zona común de
albergue al no estar disponibles todas las habitaciones contratadas.
Aprovechamos la tarde para conocer Negreira, un
municipio en el que destacan el Pazo do Cotón y la capilla de San Mauro, así
como una emotiva escultura dedicada a la emigración. Cerramos la jornada con
una cena en el restaurante A Guarida, donde disfrutamos de una excelente
calidad a precio ajustado y sobre todo de muy buen trato, una parada culinaria muy
recomendable para quienes recorran esta ruta.
La segunda etapa, entre Negreira y Santa
Mariña, estuvo marcada por la lluvia. Durante la noche ya comenzó a llover y el
día amaneció con chubascos intermitentes. En el desayuno valoramos la situación
y parte del grupo decidió no salir ante la previsión meteorológica, mientras
que otro grupo aprovechó una tregua para continuar caminando. El recorrido,
incluso bajo la lluvia, nos ofreció paisajes boscosos llenos de encanto, el
camino es en este tramo un auténtico vergel donde la naturaleza se muestra en
todo su esplendor. A pesar de la meteorología lluviosa, el grupo de caminantes logramos
completar la etapa.
Durante la mañana, el otro grupo realizamos visitas
a diferentes puntos de interés en la zona. En Santa Mariña hicimos parada para
recuperar fuerzas en el bar del albergue Casa Pepa, donde recibimos una
atención excelente. Desde allí nos desplazamos hasta Mazaricos, lugar en el que
teníamos reservado el alojamiento en el Hotel Casa Jurjo. Allí disfrutamos de
unas instalaciones de gran calidad y de un trato muy cercano, además de una
cena y un desayuno en los que se puso de manifiesto lo bien que se come en
tierras gallegas.
El
domingo, tras el desayuno, llegó el momento de la despedida, entre risas por un
sinfín de anécdotas compartidas y con la sensación de haber vivido unos días
muy especiales, emprendimos el regreso a casa, aunque también hubo quien
aprovechó la jornada para hacer turismo por la zona. Nos llevamos la
satisfacción de la experiencia compartida y la ilusión de seguir avanzando,
porque el reto continúa, el año que viene: Mazaricos - Fisterra. El fin del
mundo nos espera.
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