lunes, 4 de mayo de 2026

Asocastrona en la ruta hacia el fin del mundo

Dejamos atrás un puente en el que hemos vivido unos días de convivencia intergeneracional recorriendo los bellos parajes que separan Santiago de Compostela de Santa Mariña. Unos días en los que hemos compartido camino, esfuerzo, anécdotas, muchas risas, ricas viandas y momentos que ya forman parte de nuestra memoria colectiva.

Un año más, desde Asocastrona nos hemos puesto en marcha para seguir dejando nuestras huellas en el Camino -o tal vez, sea El Camino quien deja huella en nosotros-. Comenzamos esta aventura en 2013, recorriendo la ruta del Camino de Levante, y desde entonces muchas personas se han ido sumando a esta experiencia. A lo largo de estos años hemos compartido etapas con participantes de todas las edades y condiciones, y en esta ocasión hemos formado un grupo diverso, con edades comprendidas entre los 15 y los 80 años. Nos une el espíritu del Camino y el orgullo de llevar el nombre de Asocastrona y de Castronuño por cada localidad que atravesamos. Tras alcanzar Santiago el pasado año, en esta ocasión decidimos continuar la ruta hacia Fisterra y Muxía.

En esta edición hemos sido un grupo de 16 peregrinos y peregrinas quienes nos hemos calzado las botas para vivir una de las actividades más especiales de nuestro calendario. Llegamos a Santiago de Compostela el 30 de abril, donde disfrutamos de un agradable paseo por la ciudad, dejándonos envolver por su monumentalidad y su ambiente. Nos alojamos en el Hospedaje José Rey, situado en una zona tranquila de la ciudad, donde recibimos un trato cercano y unas instalaciones muy adecuadas para el descanso. Al día siguiente iniciamos la marcha tras desayunar muy bien atendidos por el personal del establecimiento.

Comenzamos a caminar por las calles de Santiago, pasando por la plaza del Obradoiro. Nos detuvimos más de lo previsto y eso hizo que saliéramos de la ciudad algo más tarde de lo planificado, un retraso que arrastramos durante buena parte de la jornada. Aun así, avanzamos durante horas entre paisajes naturales de gran belleza en la etapa Santiago-Negreira. Se trata de un tramo de verdor exuberante, con una naturaleza viva que nos acompañó en todo momento, aunque también tuvimos que afrontar exigentes subidas. Antes de llegar a Negreira cruzamos Ponte Maceira, un precioso puente medieval de estilo románico sobre el río Tambre.

Ya en Negreira nos alojamos en Albergue Bergando, un espacio con unas instalaciones muy atractivas en plena naturaleza. Sin embargo, la experiencia no fue del todo satisfactoria, ya que detectamos deficiencias en la limpieza de algún dormitorio y tuvimos un problema en la gestión de la reserva que obligó a dos personas del grupo a alojarse en la zona común de albergue al no estar disponibles todas las habitaciones contratadas.

Aprovechamos la tarde para conocer Negreira, un municipio en el que destacan el Pazo do Cotón y la capilla de San Mauro, así como una emotiva escultura dedicada a la emigración. Cerramos la jornada con una cena en el restaurante A Guarida, donde disfrutamos de una excelente calidad a precio ajustado y sobre todo de muy buen trato, una parada culinaria muy recomendable para quienes recorran esta ruta.

La segunda etapa, entre Negreira y Santa Mariña, estuvo marcada por la lluvia. Durante la noche ya comenzó a llover y el día amaneció con chubascos intermitentes. En el desayuno valoramos la situación y parte del grupo decidió no salir ante la previsión meteorológica, mientras que otro grupo aprovechó una tregua para continuar caminando. El recorrido, incluso bajo la lluvia, nos ofreció paisajes boscosos llenos de encanto, el camino es en este tramo un auténtico vergel donde la naturaleza se muestra en todo su esplendor. A pesar de la meteorología lluviosa, el grupo de caminantes logramos completar la etapa.

Durante la mañana, el otro grupo realizamos visitas a diferentes puntos de interés en la zona. En Santa Mariña hicimos parada para recuperar fuerzas en el bar del albergue Casa Pepa, donde recibimos una atención excelente. Desde allí nos desplazamos hasta Mazaricos, lugar en el que teníamos reservado el alojamiento en el Hotel Casa Jurjo. Allí disfrutamos de unas instalaciones de gran calidad y de un trato muy cercano, además de una cena y un desayuno en los que se puso de manifiesto lo bien que se come en tierras gallegas.

El domingo, tras el desayuno, llegó el momento de la despedida, entre risas por un sinfín de anécdotas compartidas y con la sensación de haber vivido unos días muy especiales, emprendimos el regreso a casa, aunque también hubo quien aprovechó la jornada para hacer turismo por la zona. Nos llevamos la satisfacción de la experiencia compartida y la ilusión de seguir avanzando, porque el reto continúa, el año que viene: Mazaricos - Fisterra. El fin del mundo nos espera.






















 

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